- Quizás todo sea resultado de la total falta de moral que acompaña a este siglo…-. Todos miraron al erudito con silenciosos asentimientos. – Este mundo ha perdido sus valores, la sociedad…-. Entonces un barrendero dejó su escoba apoyada en la pared del aula magna de la universidad y soltó un bufido exasperado. El erudito y su equipo de aduladores se giraron hacía él.
-¿Le ocurre algo, caballero?-.
-Bueno… es que… bueno, déjelo.-.
-No, por favor, siempre es interesante conocer lo que opina el pueblo llano sobre tan elevadas cuestiones…-. El barrendero frunció el ceño con expresión incrédula. Al final se encogió de espaldas y dijo:
- Todo es opinable pero creo que lo que usted ha dicho es realmente… pobre.
- ¿Cómo?-. Dijo el erudito atónito.
- Si, las palabras utilizadas ya en sí mismas… es como si quisiera hablar en “trekkie”… para ser un gran divulgador no hace falta hablar como si estuviéramos en el siglo XVI-. El erudito sonrió con desdén.
- Lamento que mi lenguaje le resulte poco apropiado y difícil de seguir pero…-.
- O, no se preocupe, no es difícil de seguir, es, simplemente, recargado e inútil… he seguido su seminario y las dos horas podían resumirse en diez minutos de conceptos útiles… el público lo agradecería. ¿Sabe que estudios japoneses revelan que sólo podemos estar realmente atentos durante unos quince minutos? Después de eso nuestra capacidad retentiva y evaluativa cae y aunque nos esforcemos nos resulta difícil comprender aquello que se nos dice… aún más difícil resulta sacar algo útil de ello si ya no lo hemos podido retener…-.
- Estoy familiarizado con esos estudios pero es muy difícil resumir en pocos conceptos simples algo tan complejo cómo…-.
- Y esa es otra… los conceptos en sí, aunque los disfrace para que parezcan complejos… son en verdad simples y, yo diría, erróneos…-. Los aduladores empezaron a quejarse ante las palabras del barrendero, pero el erudito los hizo callar, sonriendo con seguridad y condescendencia, dijo:
- Por favor, buen hombre, explíquese, a buen seguro no ha comprendido bien lo que trataba de explicar en mi conferencia… si me confía sus dudas estaré encantado de solucionarlas…-.
- Bueno, es posible que no lo haya comprendido bien… esta bien, un ejemplo simple… usted acaba de decir que en esta época existe una tremenda falta de moral ¿no es así?-
- Desde luego, la juventud no cree en valores cómo el esfuerzo, la empatía el trabajo en equipo, la solidaridad… nos encontramos ante la mayor decadencia social vivida desde la caída de Roma ante las invasiones germanas que dio inicio a la amarga época de subcultura conocida como la baja edad media que…-.
- Pues yo creo que se equivoca… no es que no haya valores, sino que los valores son distintos, los jóvenes de ahora creen en la búsqueda de la individualidad, la libertad de cultura, sexo y religión, no creen en la política pero distinguen perfectamente su propia ideología y, desde luego, tienen valores innatos cómo la aceptación inmediata de la diversidad cultural o el encuentro de la identidad personal a merced de la identidad global mediante las redes sociales… no buscan tanto destacar en su entorno cómo unirse a ese entorno, de forma que pasan a ser un "grupo de individualidades completo” en lugar de un solo individuo completo… ¿me sigue?-. El erudito miraba al hombre con perplejidad.
- No demasiado bien, creo que confunde las cosas, todos los supuestos valores que dice poseen los jóvenes son en esencia malos…-.
- Ni por asomo, señor, tan sólo son diferentes del de otras generaciones, cómo lo fueron los nuestros para la generación de nuestros padres…-.
- Pero estará de acuerdo en que esta pérdida de los valores de nuestra generación es la que ocasiona toda una serie de problemas globales que…-
- Pues no-.
- ¿No?-.
- Ni por asomo, precisamente ahora nos enfrentamos a un mundo globalizado que no funciona según las normas con las que nuestra generación regía su mundo. Justamente los problemas vienen por el hecho de que, en gran medida, no podemos dejar a un lado los antiguos sistemas políticos, económicos y sociales que hemos mantenido durante años. Por ejemplo, los políticos cómo Sarkozy o Merkel, no hacen sino perder intención de voto, ¿por qué? Pues porque son nacionalistas en un mundo que tiende irrevocablemente a la globalización.
Nos centramos en las mil y una gilipolleces que nos diferencian cuando, de hecho, esta demostrándose que un gobierno mundial y conjunto es lo que permitiría solucionar los verdaderos problemas de la sociedad puesto que, en esencia, cada vez los problemas de un español y pongamos, por ejemplo, un hindú son cada vez más parecidos: paro, hambre, cambio climático… No son sino caras de un mismo dado que es el ser humano, la especie humana en su conjunto. Un dado que parece que alguna gente se emperra en considerar distinto para cada uno de nosotros cuando, de hecho, las caras del dado son las mismas para todos.
En fin, estamos jugando una partida todos juntos y en ella apostamos todo, la civilización, el planeta… me parece soberanamente estúpido que utilicemos valores antiguos cuando está claro que lo que hace falta es una nueva mentalidad que pueda entender y utilizar las ventajas de un mundo globalizado.- Todos miraron al barrendero estupefactos. Al final el erudito dijo, con una nota de súplica en la voz.
- Entonces, señor, qué deberíamos hacer para promover este cambio… quiero decir, cómo conseguir que la sociedad deje sus antiguos valores, ahora inútiles, y afronte el futuro con una nueva mentalidad de crecimiento global… ¿cómo evitar el choque cognitivo que se deriva de este relevo generacional?-.
- En cristiano, por favor.-
- ¿Cómo conseguir que la gente entienda que este cambio es necesario y hacía qué hemos de cambiar?-.
- ¿Y yo qué sé?-. Dijo el barrendero sorprendido.
- ¿Cómo?-.El hombre recogió su escoba y empezó a barrer de nuevo.
- El erudito es usted… yo soy sólo el de mantenimiento…-. Y así el hombre se alejó silbando alegremente.
domingo, 5 de septiembre de 2010
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