lunes, 17 de mayo de 2010
Caída de Dioses. Capítulo 2
- Eres un mocoso con suerte… maldita sea! -. Soltó un escupitajo, para luego reír a carcajadas mientras me palmeaba con rudeza los hombros.
- Jarod, tengo casi veinticinco años, pronto ara diez que servimos juntos a Lord Wilard… no crees que podrías dejar de llamarme mocoso? -. El viejo me ignoró, recogió sus 4 dados y los colocó en un pequeño cubilete de madera.
El ruido de los dados entrechocando en el interior del cubilete llenó el aire cuando lo volcó contra el suelo con violencia, los otros 4 jugadores nos arracimamos entorno al anciano, expectantes ante el resultado de su tirada. Aprovechando la atención de la que estaba disfrutando, el viejo se demoró un poco.
- Vas a descubrir tu jugada de una vez o esperas a que a todos nos salgan canas como a ti?! -La voz de Taïs restalló como un látigo en medio del silencio.
Incluso Jarod sonrió, todos conocíamos sobradamente el carácter hosco del norteño, era una de las últimas incorporaciones a las huestes de la Casa de los Faris, pero aún así ya llevaba cerca de seis meses a nuestro lado. Se rumoreaba que lo habían echado del feudo del Señor August Partir por beneficiarse a una de las muchas amantes del Caballero, tras aquello trabajó como mercenario durante algunos meses hasta que Lord Wilard Faris lo acogió en su ejército, sin duda secretamente divertido por la humillación sufrida por Partir.
Su carácter adusto no evito que cuajara perfectamente entre los recios y sencillos soldados del Lord Sangredivina, pese a que era objeto de algún que otro ingenioso mote y burla, detalle que confirmaba sobradamente su integración al equipo.
- Taïs, te has planteado sacarte alguna vez el pepino que llevas incrustado en el culo? O es que te gusta demasiado que te den por detrás como para hacerlo?-. Las carcajadas hendieron el aire de la madrugada, Taïs se levanto hecho una furia, pero Darric y Lur lo detuvieron con ademan amigable. Jarod y yo nos limitamos a reír.
- Viejo, tu espada no es tan afilada como lo son tus palabras, cuida lo que dices…-. Dijo mientras se sentaba de nuevo.
Jarod se limito a sonreír con tranquilidad, ambos sabían que nunca llegarían a las manos por muchas pullas que el veterano lanzara, se respetaban demasiado como para entablar combate por una estupidez.
- 3 Coronas -. Proclamó Jarod y, antes de que ninguno reaccionara, alzó el cubilete. Una calavera, un ciervo, una corona y una dama aparecieron en la cara superior de los dados.
- Por Tzrail, que jugada más mala Jarod! -. La única respuesta al comentario de Lur fue otro escupitajo.
De mala gana el veterano pasó el cubilete a Darric que proclamo que sacaría 3 ciervos, pero solo consiguió dos ciervos y una pareja de lunas, a Lur no le fue mucho mejor, apostó por tres Lunas y sacó 3 ciervos y una calavera, empataría con mi jugada si no fuera porque yo además de sacar tres Damas había acertado en mi apuesta. Por último le tocaba el turno a Taïs, nos miramos con complicidad, yo seguro de que me llevaría el bote reunido a nuestros pies y él confiado en la suerte que le conferían los extraños dioses paganos en los que creía.
La madrugada estaba ya muy avanzada, faltaba poco para el alba, pero ni de lejos éramos los únicos soldados despiertos a aquellas horas. Prácticamente los veinte mil infantes que formaban aquel enorme ejército padecíamos insomnio a causa de la terrible batalla que habríamos de librar; charlas, paseos y partidas de dados en pequeños grupos como el nuestro se repetían a lo largo de la linde oriental del acantilado. Las hogueras chisporroteaban por doquier, iluminando con su cálido haz la fría alborada.
Sin duda era una mala estrategia, pues el humo nos habría de delatar a quilómetros, pero no esperábamos la llegada del señuelo hasta el mediodía.
Con un sonoro chasquido Taïs clavó el cubilete en el suelo con la apertura hacia abajo. De nuevo nos miramos.
- Quieres despedirte de tu dinero?-.
- Apuesta.-. Aún se oían los dados girar en el interior del recipiente.
- 4 Lunas.-. El silencio se hizo aún más pesado y el murmullo de los dados no cesaba.
- Qué raro que un pagano como tu apueste por Tzrail…-. Comente, sonriendo ante el atrevimiento del Norteño. –Descubre. -. Él sonrió a su vez y levanto el cubilete.
Para nuestra sorpresa los dados seguían girando.
- Admirad la fuerza del gran Taïs!-. Exclamó Jarod con sarcasmo.
Un dado empezó a girar de forma más inestable, y luego un segundo y un tercero lo siguió. Todos nos acercamos expectantes. El primero se balanceó un momento y cayó. Una calavera. Yo solté una exclamación de júbilo al tiempo que Taïs maldecía. Pero entonces otro dado se paro, con un sonido seco. Una segunda calavera. Nadie le hizo el menor caso, aunque sacara tres yo había apostado y acertado ganaba pasara lo que pasara pero…
El tercer dado cayó, tres calaveras. Todos palidecimos visiblemente.
- No me jodas.- murmuró Darric.
- Es imposible…-. La voz de Jarod había perdido todo matiz jocoso. El dado empezó a trazar círculos más amplios y lentos.
- Ha… habíais visto nunca un dado que tardará tanto en caer…? -. Pregunto con un hilo de voz Lur, el más joven del grupo.
Todos teníamos en nuestra mente la misma combinación y rezábamos para que no apareciera, incluso Taïs parecía haber perdido aplomo.
El dado golpeó contra una piedrecita y dio un pequeño brinco antes de posarse en el suelo de nuevo, giró dos veces sobre sí mismo. Contuvimos el aliento. Un tercer giro. Una cuarta calavera apareció ante nuestros ojos.
Ninguno reaccionó, todos sabíamos lo que significaba. Era un augurio muy antiguo, probablemente perteneciente a las creencias anteriores a la creación de los primeros poblados de “La Brecha”, el peor augurio antes de la batalla.
Taïs rompió el silencio:
- Lo… quiero decir… sólo es un juego no significa nada… un simple juego.-
Todos lo miramos y vimos que no creía sus propias palabras. Súbitamente se alzó:
- Estoy harto de jueguecitos, me voy a dormir... si vosotros os creéis estos cuentos de viejas… peor para vosotros, yo prefiero confiar en mi espada.- La mirada que nos dirigió era feroz, como esperando que rebatiéramos sus afirmación. Sin duda tenía miedo, como todos nosotros.
- Taïs yo…-. Lur lo miró dubitativo con los labios temblorosos, solo tenía dieciséis años y había sido nombrado escudero del hijo de Lord Faris, en unos años podría ascender a caballero ,si Tzrail lo permitía, sin duda esperaba con ansias aquella batalla para demostrar que su ascenso había sido merecido. Pero ahora estaba aterrado, el augurio era claro, ninguno pasaríamos de aquel día y si nosotros caíamos “La Brecha” entera sucumbiría con nosotros.
- No te mees en los pantalones mocoso… el culo rígido tiene razón, solo es un juego.- Lur miró al veterano esperanzado.
- Tú crees?-.
- Claro, cómo podríamos perder este combate? Somos más de treinta mil guerreros , incluidos los jodidos lores Sangredivina, tu aún eres joven y no has vívido las batallas entre los grandes Señores pero te aseguro que acojonan cuando luchan entre ellos, el choque de sus espadas resuena como el tañido de mil campanas en medio del campo de batalla, cada uno de ellos vale por más de cien… y por si fuera poco estamos capitaneados por el más poderoso de todos ellos, Lord Kairium de la Casa Lunar. Los guerreros de la Casa Lunar conservan intacto el poder del Dios Tzrail en su sangre, por sus venas corre aún hoy en día la fuerza de un Dios… Dime chico, qué crees que pueden hacer tres ridículos Demonios contra esto?-. Soltó una carcajada, Lur se tranquilizó e incluso esbozó una ligera sonrisa, los demás nos obligamos a sonreír pero ,aunque no lo dijimos, todos teníamos en la cabeza un detalle que a Jarod se le pasó mencionar:
Los tres ridículos demonios ya habían matado a dos miembros de la Casa Lunar.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Caida de Dioses. Capítulo 1
- No Jules, ya lo he decidido, los demonios morirán antes de que el sol caiga dos veces-.
- Pero Lord Kairium… Alteza!-. El viejo vio como el último Señor de la Casa del Dios Lunar se alejaba a grandes zancadas.
En el patio más de trescientos Caballeros Sangredivina formaban, los haces de luz incidían en sus inmaculados yelmos y sus bruñidas armaduras provocando un espectacular juego de luces que atemorizaría a cualquiera sin necesidad de contemplar el brillo de las letales hojas que portaban.
A sus espaldas, millares de nobles caballeros mortales intentaban controlar a sus monturas que piafaban y relinchaban con nerviosismo, impresionadas probablemente por la grandeza de los animales que portaban a los lores. Los impávidos corceles de los Sangredivina contemplaban con regia postura la discusión mantenida en las escaleras de la villa feudal entre el Lord y Jules Jartkin, amo de la casa y Señor de noble casta divina. Al pie de la escalera sus cinco nobles hijos de Sangredivina esperaban al Senyor Kairium, yelmos en mano se disponían a responder a la llamada del último hombre que conservaba intacta la sangre del Dios Tzrail.
Cuando el lord Kairium llego al pie de las escaleras saludó a estos con un leve movimiento de cabeza y les indicó que lo siguieran. Al unísono, los cinco se pusieron el yelmo y cabalgaron hasta reunirse con sus trescientos hermanos.
Desde la cima de la portentosa escalera esculpida en roca roja, Jules Jartkin contemplo apesadumbrado la marcha de sus hijos, sabiendo que ya jamás habría de contemplar sus rostros de nuevo. El menor no tenía más de 20 años, apenas había vivido nada ni en el computo mortal, aún menos podía considerarse preparado para combatir en el computo de los Sangredivina. Aún así Lord Jules sabía que nunca podría detenerlos, aunque desobedeciera el mandato de su Señor Kaiurium, cosa que ,por supuesto, no haría.
Así pues el hombre, que había vivido casi ciento ochenta años y estaba ya en el ocaso de su divina existencia, pensó, mientras toda la hueste se alejaba, que estaba asistiendo al fin de la existencia de la Casa de los Jartkin, así como al fin de muchas otras Casas algunas tan antiguas cómo la mismísima “Brecha”.
Desde nuestro asentamiento en las afueras del feudo, contemplamos como los caballeros galopaban hacía nosotros.
Era, en verdad, un grandioso espectáculo contemplar a aquellos casi doce mil caballeros nobles galopar en perfecta formación, con los más de trescientos Lores Sangredivina al frente. La velocidad que llevaban y los colores de sus miles de estandartes y armaduras los asemejaba a un arcoíris en movimiento.
Inmediatamente los generales nos hicieron levantar y colocarnos en formación.
Éramos casi veinte mil soldados de infantería, cada uno de nosotros formaba parte de las huestes de alguno de los Lores o de sus fieles caballeros mortales. A todos se nos henchía el pecho de orgullo al contemplar el valor de nuestros Señores que durante tantos años habían combatido en fútiles guerras por el territorio, unidos ahora bajo el estandarte de la casa lunar para enfrentar a la amenaza Bakala.
Cuando los caballeros se pusieron enfrente de la columna, empezamos a avanzar por el pedregoso camino que comunicaba las tierras de Lord Jartkin con los feudos de los Señores Turin y Farisio, hermanos al frente de la noble Casa de los Balir.
Nos dirigíamos hacía la Garganta del río Iris. Años ha el río Iris causaba, debido a su enorme caudal, periódicas inundaciones del territorio en época de lluvias.
Durante muchos años este hecho causó el tormento de los pobres aldeanos y campesinos que vivían en los alrededores, pero como el río se encontraba en medio de los territorios de varios Lores y señores menores ninguno se atrevía a remendar el problema por miedo a iniciar una reyerta territorial con los demás.
Cansado del asunto y viendo que, de todas maneras, los nobles Señores iniciaban reyertas tan a menudo como podían con o sin la excusa del río de por medio, Lord Garian, Señor de la casa Lunar y noble padre de Lord Kairium, decidió apropiarse él mismo de los territorios adyacentes al río a golpe de espada.
Con la inevitable capitulación de los Lores y Señores y sus juramentos de vasallaje, el gran Lord decidió desviar el curso del río y regularlo con una presa a fin de acabar con el problema.
Como resultado de la alteración de su curso, la cuenca ahora vacía del Iris había dado lugar a un enorme cañón de piedra de varios metros de altitud, lleno de escombros de piedra descomunales y cimas (anteriormente isletas) que se alzaban por doquier.
Aquel fue el territorio escogido por el Señor Kairium y los otros Lores para entablar combate contra los Colosales Mizratz.
Todos confiábamos en que el monstruoso tamaño de los demonios, que los hacía tan peligrosos en terreno llano, se convirtiera en una debilidad en medio del traicionero terreno de roca, con altitudes tan desiguales y riscos que surgían aquí y allá, todo parecía indicar que la movilidad de los Titanes se vería considerablemente mermada y el Lord tendría la oportunidad de cumplir su ansiada venganza.
Así pues, tras horas de agotadora marcha llegamos al borde del acantilado, otrora linde occidental del rio, y acampamos allí a la espera de que el señor Regis y su hueste atrajera a los Titanes hasta la red natural que les habíamos tejido.
En castigo por atacar al Lord, y salvarlo de una muerte segura a manos de los tres Mizratz,a sus cuarenta fieles caballeros ,con el Señor Sangredivina Regis, a la cabeza les fue encargada la peligrosa misión de convertirse en el señuelo que atraería a los Bakala hasta la Garganta del Iris.
Casi ningún hombre pudo pegar ojo aquella noche, todos estábamos demasiado ansiosos por entrar en combate y poner fin a los crueles actos que los malditos Mizratz estaban provocando por toda “La Brecha”. Ninguno lo admitiría nunca, pero desde el más poderoso de los Lores Sangredivina hasta el más humilde escudero allí presente sentía en sus corazones la fría tenaza del miedo, aunque ni una sola vez acudió a nuestra mente la idea de huir. Por primera vez en muchos años cada soldado tenía la certeza de que combatía por una causa con sentido, la defensa de su patria y la protección del pueblo eran los motivos por los que siempre no habrían habido de llamar para combatir, nunca por absurdas guerras entre nobles por afrentas que no nos concernían o territorios que no nos importaban. Ahora ya no luchábamos hermano contra hermano, luchábamos hombro con hombro para proteger a nuestras familias y a las familias de nuestros hermanos de espada. Ahora combatíamos por nosotros mismos, no porque fuera el deseo de nuestros Nobles Señores.
Pese a que creía firmemente que al fin combatía por una causa noble, lo cierto es que la madrugada estaba ya muy avanzada y el manto del miedo me aferraba impidiéndome conciliar el sueño.
Harto de dar vueltas y vueltas infructuosas en la manta de campamento (casi la única cama que conocía después de tantos años sirviendo como soldado) decidí levantarme a dar un paseo, a fin de relajarme.
Al descorrer la cortina de mi tienda, contemplé, sorprendido, que no era el único que parecía padecer de insomnio. Decenas de soldados estaban repartidos por todo el prado al lado del acantilado. Sonreí ante la nada usual actividad nocturna, estaba acostumbrado a que los campamentos se convirtieran en un silencioso templo del descanso por la noche, por lo general, cuando me tocaba guardia, incluso me encontraba a los centinelas a los que había de relevar dormidos como chiquillos. Pero claro, aquella noche todo era distinto.
domingo, 2 de mayo de 2010
Caida de Dioses. Prologo
Son todos hijos de Tzrail, sangre de Dioses corre por sus venas tan roja como la mía pero mucho más poderosa.
Todos ellos son hermosos y lucen terribles enfundados en sus brillantes armaduras y cotas de malla. En el pecho muestran orgullosos los emblemas de sus casas, rodeados todos ellos por la circunferencia de plata, signo que los caracteriza a ojos de mortales y Inmortales como herederos del dios Satélite.
Guerreros curtidos en mil batallas, grandes generales que pelearon entre ellos durante decenios gracias a su divina longevidad. Pero hoy no son más que vasallos, pues han sido llamados por el único hombre al que nunca pudieran reconocer como su señor. Kairium, el único, Kairium el incorrupto, el puro, señor de la casa del Dios lunar, paladín de la tierras Orientales de “La Brecha”, portador de la lanza Lunnaris, el arma que otrora forjara Narsium, herrero de los Antiguos, para acabar con los enemigos de los Dioses, hoy, de nuevo, serviría a esta causa empuñada por aquel cuya sangre mantiene aún intacta el brillo del Dios.
Pues este era nuestro propósito, acabar con los Mizratz los terribles seres que atormentaron “La Brecha” en los albores del tiempo, ahuyentados por los dioses y sus paladines hacía milenios, campaban de nuevo a sus anchas por la tierra.
Entraron en “La Brecha” por el paso de La Águila Roja , en su vertiente más Oriental y en unas pocas semanas el caos se adueñó de toda la región, ningún ejército les pudo oponer resistencia hasta que se toparon con las tropas de los nobles hermanos de Lord Kairium, el mayor, Edmund, contaba ya con 86 años y estaba en el apogeo de su poder, aún sin alcanzar la madurez era ya el mejor espadachín de “La Brecha”, el menor ,Cláris, era un guerrero audaz, mejor que cualquier soldado mortal, pero aún inexperto según el computo de los sangredivina. Apenas si contaba con 40 años.
Los dos lores reunieron a sus ejércitos en “Llanura Arida”, la región más calurosa i desértica de todo el Oriente, pese al terreno desfavorable ambos quisieron combatir allí para evitar así bajas innecesarias entre el pueblo llano de sus feudos.
En su precipitación por parar la masacre ocasionada por los Mizratz, presentaron batalla pese a que muchos de sus caballeros vasallos y sus huestes no tuvieron tiempo suficiente para acudir a su llamada. Aún así eran muchos, cincuenta caballeros de la estirpe de Tzrail, los legendarios sangredivina, y dos millares de los mejores caballeros mortales de toda “La Brecha”, acompañados de sus huestes a pie. En total se congregaron en “Llanura Arida” más de cinco mil guerreros, dispuestos a enfrentar los terribles diablos de Bakala.
Para cuando el señor Kairium se enteró de las intenciones de sus hermanos ya era tarde.
Él y su séquito de fieles caballeros mortales partieron de inmediato para apoyar a los lores, pero no habían llegado a “Llanura árida” que supieron que ya todo estaba perdido.
Un hombre voló centenares de metros por el cielo y se precipitó enfrente de la columna de caballeros, sus huesos quedaron destrozados contra la calzada de piedra y sus sesos salieron proyectados por doquier. La columna entera frenó la marcha entre furiosos relinchos de caballos y miradas atónitas.
El mismo lord Kairium pareció perplejo al principio, pero luego su cara muto en horror, convirtiéndose después en una horrible máscara desfigurada por el dolor. Un quejido agónico hendió el aire, convirtiéndose en un alarido terrible.
Lord Kairium se dejó caer del caballo, presa de sollozos y ahogado en sus propias lágrimas, se arrastró hacía el destrozado cadáver, un cúmulo de sangre i vísceras, y volteó lo que quedaba del maltrecho pecho del hombre. Todos los caballeros enmudecieron al unísono.
Una marca, sanguinolenta, otrora emblema orgulloso y símbolo del poder divino, lucía aún en el pecho del desdichado. Una enorme luna de color plateado, atravesada por el símbolo del Dios Tzrail, el emblema de la casa del Dios lunar.
El fallecido era Lord Cláris.
Presa de una febril sed de venganza el Señor Kairium montó su caballo y ,aún con lágrimas reluciendo en sus mejillas, arrancó un galope que ninguno de sus súbditos pudo seguir.
Remontó “La Colina humeante”, elevación que circundaba la llanura, y en su punto más elevado diviso por fin la batalla. Aunque esta no pudiera llamarse como a tal.
Una masacre, eso fue lo que los ojos del Lord presenciaron. Los millares de guerreros congregados yacían esparcidos por toda la llanura, al menos partes de ellos. Todo estaba teñido del rojo de la sangre. Unos pocos guerreros estaban aún con vida, todos ellos trataban de huir enloquecidos. Atrás quedaban sus armas, estandartes y honor, solo sus piernas valían en aquel cementerio y tampoco demasiado, pues pocos conseguían zafarse de las mortíferas garras de los colosales seres que los hostigaban.
Tres, tan solo eran tres los monstruos que Lord Kairium vio, pero a fe del Dios Tzrail que su mera visión helaba la sangre y el corazón del más valiente de los hombres.
Su carne gris, como de roca, estaba matizada por tonos del rojo más oscuro, su piel se asemejaba mucho a la piedra granate de las montañas volcánicas y su tamaño hacía esta comparación plausible. Ninguno era inferior a las 4 astas de altura y su corpulencia era, si cabía, aun más impresionante.
Sus rostros eran mascaras pétreas, de facciones rígidas como las laderas de una cadena montañosa, solo sus ojos , rendijas de luz azulada o roja, hacían que se pudiera concebir aquellas criaturas como algo vivo y no mera orografía.
Con ágiles dedos del tamaño de columnas, los Mizratz se dedicaban a atrapar a los soldados uno a uno. Dos de ellos se limitaban a aplastarlos con sus colosales manos, al tercero parecía divertirlo más el lanzar bien lejos a sus presas, para contemplar cómo se despachurraban contra el suelo, entre risas tan profundas y guturales como el rugir de un volcán cuando sucumbe a su propia ira.
El lord identificó inmediatamente al asesino de su hermano. Su sangre se agitó, todo el hervía y temblaba de pura cólera. Sintió como su corazón mortal exigía a gritos que se saciara su sed de venganza, sintió como su alma inmortal preparaba todo su cuerpo para cumplir con su divino cometido.
Y entonces el lord presenció la imagen que quedaría grabada a fuego en su alma para siempre.
En una fisura de un promontorio, Kairium divisó el estandarte de la casa del Dios lunar, el estandarte estaba atado a una lanza de proporciones descomunales, obstinadamente hundida en la roca. A su lado los restos de un hombre surgían de una enorme grieta en el suelo.
De pronto la imagen cobro sentido, aquello que parecía una descomunal colina de piedra no era tal, se trataba de un cuarto Mizratz, tendido en el suelo, abatido por la descomunal lanza que le perforaba uno de sus ojos. El guerrero responsable de tal hazaña yacía muerto al lado de su arma, con la mitad del cuerpo en la boca del monstruo y la otra mitad fuera, había muerto aplastado por los gigantescos dientes del Titán.
Kairium contemplo desolado a su hermano mayor, ni por un momento pensó que murió como el héroe que era, ni tan siquiera acudió a su mente el hecho de que su hermano seria conocido durante edades por su victoria ante el Demonio. Lo único en lo que podía pensar el lord era en la pérdida de su sangre, en la desaparición de uno de los seres a los que más había amado, en su muerte a manos de seres tan horribles, en el total deshonor de ser devorado por otro ser. No podía asumir el horror que su hermano tuvo que pasar en sus últimos segundos de vida, simplemente el estomago se le removía de asco, pena y ira.
Enloquecido, espoleó a su montura. Gritando como poseído se dispuso a abatirse sobre el Mizratz que tenía más cerca.
No recorrió ni una decena metros ya que los 40 caballeros que lo seguían se abalanzaron sobre él. En unos segundos de desesperada lucha lo abatieron y se lo llevaron lejos del campo de batalla.
Sabían que serían condenados por traidores por tal acción, pero habían jurado proteger a su señor ante cualquier amenaza, aunque el único modo de salvarlo fuera agrediéndolo y la única amenaza su propia temeridad.
Así fue como acabo la batalla de “Llanura Árida”. Así fue como empezó la guerra de los Sangredivina contra los Titanes de Bakala. Así empieza mi historia.
lunes, 22 de marzo de 2010
D' allò que és, d'allò que fou (1)
Hi ha qui diu que la matèria va implosionar, per xoc atòmic, per despolarització entre cations i anions, probablement ho va fer per avorriment, però això és només la opinió d’aquest que humilment escriu aquest text.
I fou, ja per fi deixa d’ésser el no ésser i fou, però QUÈ fou? Matèria, milers de quilometres de pedres i llum tan encegadora ,tan destructiva , tan brillant que alguns, molts anys després, li posaren , per aquell vici de dir les coses per algun nom que ens soni bé al paladar, Déu. D’altres li partiren la identitat, molt tècnics ells, i separaren el fenomen en causa i efecte, primer fou el Big Bang i després fou l’Univers.
Actualment molts grans científics intenten encara reproduir el fenomen a petita escala, enclaustrats en laboratoris durant anys, provant a nivell teòric milers de formules complicadíssimes o decidint-se per un altre mètode, sens dubte més popular i a l’aire lliure, la drogoaddicció, que també permet veure jocs de llums espectaculars però que, malauradament, esta molt desacreditat per a la societat científica i es que sempre es persegueixen els mètodes innovadors.
En tot cas, la matèria ja hi era, allí romania flotant a la deriva, posicionant-se a poc a poc per estranys malabarismes gravitacionals en un lloc o un altre, esperant, esperant en l’etern silenci, condemnada a ésser per sempre fragmentada, incompleta, estèril.
I de nou, casualitat, estrany fat, error de càlcul, digueu-li com vulgueu , sorgí quelcom diferent del que abans hi havia. Tan diferent, de fet, que no s’acontentava amb girar eternament sense rumb, a la recerca de quelcom imprecís, no, la nova substància tenia un objectiu i el seu objectiu era, paradoxalment, tenir un objectiu. I vet aquí que, cercant aquest objectiu inconcret, la substància s’entossudí a viure i des d’aleshores, ja se sap que tenim poca imaginació, va ésser anomenada VIDA. I, de nou, fou.
I ,amb destí o sense, amb Déus per el mig o casualitats d’allò més irrisòries, la substància s’hi entossudí tant que, al final, aconseguí prevaldre i sobrevisqué.
Hi ara us explicaré com li provà això de la vida... bé, ara no que tinc classe, però us prometo que ja ho faré ,si no és en aquest en un altre somni, fins aviat estimats lectors.
domingo, 28 de febrero de 2010
De filòsof que miren al cel amb malenconia
- Què? -.
- Doncs... pensava...-.
- Continua, en què pensaves? -.
- Doncs... res, era una tonteria -.
- Va, ara m’ho dius! No em pots deixar així!-.
- Esta bé, esta bé... doncs res, pensava en si hi han altres móns allà dalt... –
- Altres móns? On?-.
- Bé, si ,ja ho saps... ja m’entens no? -. L’altre nega amb el cap.
- Hosti, doncs... doncs això, allà, entre les estrelles, un altre planeta en el que hi hagi vida intel•ligent... com nosaltres. –
- Què vols dir? Com una espècie d’aliens amb capacitat de raonar?- . El “filòsof” assenteix, poc convençut malgrat tot, i pregunta, amb to vacil•lant:
- Tu creus que hi ha móns diferents del nostre? Amb animals diferents, materials diferents, pensaments, cultures diferents... -.
- Home... jo ho veig complicat, què hi pot haver a part d’això? - . Mira al seu voltant, com reforçant la seva teoria. – No sé, tu creus que, posem per cas, en un altre planeta hi pot haver un prat com aquest? -. Mou les mans , com si pogués abarcar l’extensió de terreny que s’obre al seu voltant. – O unes muntanyes plenes de fauna com aquelles d’allà el fons? -. De sobte es posa a riure amb ganes, dona uns copets al filòsof i s’aixeca:
- Amic meu, dubto que en tot l’univers hi hagi cap altre espècie capaç de construir cases com les nostres, i ,si ho fessin, segur que serien estranyissimes! No ho sé... “il•lògiques”, no s’assemblarien gens a les nostres cases, tan naturals, tan estructurades i fetes en base a les lleis físiques... Per no parlar dels animals que deurien viure en aquests móns... t’imagines? deuen ser lletgíssims els teus alienigenes... -. L’altre acaba somrient i també s’aixeca.
- Tens raó, no pot existir vida a part de nosaltres i, si existís, segur que seria d’allò més estranya de veure, al cap i a la fi, no hi ha cap disseny natural més útil, pràctic i bell que el nostre...-.
- Si és que som l’hostia! -. Diu l’altre mentre eixarranca les cames com si és disposés a saltar. I així ho fa finalment, salta cinc metres i aterra a la terrassa de casa seva. D’allí estant treu el cap i acomiada al seu amic el filòsof , afegint: - T’imagines què aquests alienigenes teus viuen al terra com les bèsties, enlloc de en una casa flotant com Déu mana? -.
L’altre riu amb ganes mentre s’allunya per el prat d’herba color rosa. Per el camí es troba una d’aquelles muntanyes que el seu amic deia , evidentment respon al típic disseny d’una muntanya, el cim, prim, afuat i recobert de gel, es troba al terra i a partir d’aquest s’estén el cos de la muntanya, eixamplant-se metre a metre fins arribar a la enorme base, quilòmetres per sobre del nostre benvolgut filòsof, que, amb parsimònia, es desplaça al compàs de les seves vuit potes, rient de la seva ocurrència:
“- Vida en un altre planeta, ai, em sembla que hauré de deixar de veure Skooma -"
jueves, 25 de febrero de 2010
“RQS: D’Eufemismes i eufemistes”
Darrerament sembla que la llibertat d’expressió ha sofert un retrocés bestial, no tan pel que fa a coses com violar la intimitat personal de cada un , la “premsa rosa” apuja els seus beneficis a la mateixa velocitat amb la que es destapen casos de corrupció al PP, sinó en quan al que es pot dir i no es pot dir a mitjans divulgatius com els informatius, els programes de debat o, cosa que gairebé ratlla la inconstitucionalitat, els programes d’humor i sàtira.
De fet no cal fer grans peripècies per comprovar com, fa alguns anys, es permetia parlar als informatius de coses com l’atur, el terrorisme o l’educació sense que aquests haguessin de fer autèntics malabarismes periodístics que no ofenguessin al “Gran Germà Censurador”, l’estat o el govern regnant (segons com es prefereixi anomenar a aquesta gran mentida, a aquesta burla, a aquesta parodia què és el nostre Estat del Dret).
Però ja no parlo del contingut de la informació que es permet que arribi a les orelles de nosaltres, aquesta massa amorfa amb cara de butlleta electoral que som el poble (i això si ens trobem en any electoral sinó, directament ni sens té en compte, ni com a vot en potència ni com a res.).
No, jo parlo de la forma, no tan del QUÈ se’ns diu (ja hi hauran altres ocasions en les què parlar-ne) sinó del COM se’ns presenta la informació. M’explico, fa uns anys els programes televisius, radiofònics, fins i tot els primmirats i acomplexats de falsa santedat lèxica anomenats diaris, tenien el luxe, el deure, el dret de dir les coses per el seu nom, que hi havia una guerra, “hi ha una guerra”, que en la citada guerra moren dues-centes persones , ja tenies a l’explotat becari de torn escrivint al guió, teleprompter, o article periodístic pertinent, “en la tal guerra han mort dues-centes persones...”. I tothom tan feliç, la gent escoltava allò i s’horroritzava, espantava, reia... tenia reaccions al que escoltava, per què? Per què entenia amb plenitud QUÈ escoltava.
Avui en dia en canvi ens trobem amb què... “Si, avui les tropes espanyoles han desembarcat a Afganistan en missió pacificadora...”, i la gent pensa des de casa seva: “Hòstia, com mola el nostre exèrcit, nosaltres mai participem les guerres, i ara! Sempre estem en “missió de pau”... anem repartint floretes i donant caramelets als pobres nens d’Afganistan, si en som de bons!”, si, i uns collons! (i se me’n fot que no sigui políticament correcte la paraula), ni floretes, ni caramelets ni hòsties! Nosaltres participem en una guerra de les de tota la vida, enviem soldats a matar a altre gent, gent que potser no ha fet res, gent que és innocent i que per culpa de les nostres accions pot sortir perjudicada, ara en diuen “Danys col·laterals”, queda bé i tot posat per escrit, però senyors, això no és res més que el que abans coneixíem com “controlar, putejar i massacrar a la població civil”, per si de cas són terroristes en potència.
Bé, i no cal ser tan dramàtics, que ara hi ha eufemismes per tot, tria segons gustos i colors, com els condons: “hi ha hagut lleugeres discrepàncies socioculturals a Vic a causa de la nova legislació promulgada per el partit conservador...” que traduït a un llenguatge menys bonic però més entenedor ve a dir: “Hi ha hagut una batalla campal entre els immigrants i la població autòctona provocada per una llei que ha proposat el partit neofeixista...”.
Un altre exemple, “l’economia pateix un lleuger retrocés en l’actual conjuntura a causa de l’increment de la taxa de l'IVA a partir del segon semestre i les mancances alhora d’adquirir recursos hipotecaris per part de les entitats bancàries”, què líric, què poètic, perquè llegir Machado ,cony! puguent trobar la bellesa en cada noticia econòmica... llàstima que en quatre paraules ben escollides i suaus al timpà, que arriben al còrtex cerebral però hi tenen una estada fugaç el què de debò ens estan dient és: “Això no hi ha qui ho aixequi, tu! em pujat l’IVA i , per tant, cada membre de la població paga més, a més cal tenir en compte que Bancs i caixes han tancat tots amb números positius, però com que han guanyat cent mil euros menys que el mateix quatrimestre de l’any passat, no els dona la gana concedir cap crèdit i, conseqüentment, l’economia se’n va a la merda en picat”.
Si és que, al final, als humans no ens agrada saber la veritat, som més feliços amb mitges veritats o millor encara si son mitges mentides dites amb convicció i que sonin bé, es clar què, personalment, prefereixo ser jo qui esculli si vull o no saber la veritat enlloc de deixar que una colla d’eufemistes m’edulcorin la realitat amb els seus carregosos eufemismes.
sábado, 20 de febrero de 2010
Problemes domètics
- I , ja que no tinc res millor a fer, me’n vaig, no sigui que espatllem encara més allò que entre nosaltres no funciona...-
- ... –
- Ah, no dius res? Millor! Per què dir res si igualment la nostre relació no funcionarà!? Cert, millor calla, les teves paraules, buides, sense sentit ni contingut no farien sinó empitjorar el mal ja fet... Com? Si, si... no m’ho puc creure... com tens la barra de mirar-me així!? es que potser no t’he satisfet sempre!? Es que potser no m’he dedicat sempre en cos i ànima a tu? No recordes els sopars de luxe? Les nits estirats al sofà, només tu i jo veient una pel·lícula? Que potser no recordes les passejades per el parc, tu, jo i la tènue llum de la posta?...
- ... –
- No dius res?-
- ... –
- Els teus silencis són més que eloqüents... No val la pena dir res més!- I dient això, l’home agafa d’una revolada la jaqueta d’un penjador situat al rebedor i surt, la porta s’estavella contra el marc amb la intensitat d’una onada contra la platja.
Al sofà dues persones es queden mirant una estona la porta amb les celles arrufades de desaprovació. La primera, una noia de curts cabells color palla, s’alça i es dirigeix a consolar a l’interlocutor del que se n’ha anat fet una fúria.
- Em sap greu Bruna,- Diu tot acaronant-li el frondós pèl -. En Miquel és un bèstia...-.
L’altre usuari del sofà, un noi d’uns vint anys i ulleres de pasta també s’aixeca i es queda al costat de la noia. Sense saber massa què dir, obre la boca un parell de cops, no encertant les paraules adequades, fa un tercer intent:
- Però per què s’ha enfadat tan amb ella? -. La noia es gira encolerida.
- La pobre s’ha tornat a pixar al terra del pis... què carai vol que faci sinó la treu a passejar!-. El noi veu la prova del “delicte” uns metres passadís enllà i somriu.
- Sempre igual, el que em fa gràcia és que li clavi aquestes esbroncades... què esperava que li contestés el pobre gos?!-. Amb gest trist, la gossa mira al noi de vint anys:
- Jo tampoc ho sé, la veritat és que m’he endut un disgust tan gran que , en aquell moment, no se m’ha acudit què contestar-li.-. Va mussitar la gossa amb veu desolada.