lunes, 17 de mayo de 2010

Caída de Dioses. Capítulo 2

- Maldito bastardo, como has podido sacar las tres damas con 4 dados! -. Masculló el viejo soldado entre dientes, mis otros contendientes soltaron sendas exclamaciones de enfado ante mi buena fortuna.
- Eres un mocoso con suerte… maldita sea! -. Soltó un escupitajo, para luego reír a carcajadas mientras me palmeaba con rudeza los hombros.

- Jarod, tengo casi veinticinco años, pronto ara diez que servimos juntos a Lord Wilard… no crees que podrías dejar de llamarme mocoso? -. El viejo me ignoró, recogió sus 4 dados y los colocó en un pequeño cubilete de madera.

El ruido de los dados entrechocando en el interior del cubilete llenó el aire cuando lo volcó contra el suelo con violencia, los otros 4 jugadores nos arracimamos entorno al anciano, expectantes ante el resultado de su tirada. Aprovechando la atención de la que estaba disfrutando, el viejo se demoró un poco.

- Vas a descubrir tu jugada de una vez o esperas a que a todos nos salgan canas como a ti?! -La voz de Taïs restalló como un látigo en medio del silencio.

Incluso Jarod sonrió, todos conocíamos sobradamente el carácter hosco del norteño, era una de las últimas incorporaciones a las huestes de la Casa de los Faris, pero aún así ya llevaba cerca de seis meses a nuestro lado. Se rumoreaba que lo habían echado del feudo del Señor August Partir por beneficiarse a una de las muchas amantes del Caballero, tras aquello trabajó como mercenario durante algunos meses hasta que Lord Wilard Faris lo acogió en su ejército, sin duda secretamente divertido por la humillación sufrida por Partir.

Su carácter adusto no evito que cuajara perfectamente entre los recios y sencillos soldados del Lord Sangredivina, pese a que era objeto de algún que otro ingenioso mote y burla, detalle que confirmaba sobradamente su integración al equipo.

- Taïs, te has planteado sacarte alguna vez el pepino que llevas incrustado en el culo? O es que te gusta demasiado que te den por detrás como para hacerlo?-. Las carcajadas hendieron el aire de la madrugada, Taïs se levanto hecho una furia, pero Darric y Lur lo detuvieron con ademan amigable. Jarod y yo nos limitamos a reír.

- Viejo, tu espada no es tan afilada como lo son tus palabras, cuida lo que dices…-. Dijo mientras se sentaba de nuevo.

Jarod se limito a sonreír con tranquilidad, ambos sabían que nunca llegarían a las manos por muchas pullas que el veterano lanzara, se respetaban demasiado como para entablar combate por una estupidez.

- 3 Coronas -. Proclamó Jarod y, antes de que ninguno reaccionara, alzó el cubilete. Una calavera, un ciervo, una corona y una dama aparecieron en la cara superior de los dados.

- Por Tzrail, que jugada más mala Jarod! -. La única respuesta al comentario de Lur fue otro escupitajo.

De mala gana el veterano pasó el cubilete a Darric que proclamo que sacaría 3 ciervos, pero solo consiguió dos ciervos y una pareja de lunas, a Lur no le fue mucho mejor, apostó por tres Lunas y sacó 3 ciervos y una calavera, empataría con mi jugada si no fuera porque yo además de sacar tres Damas había acertado en mi apuesta. Por último le tocaba el turno a Taïs, nos miramos con complicidad, yo seguro de que me llevaría el bote reunido a nuestros pies y él confiado en la suerte que le conferían los extraños dioses paganos en los que creía.


La madrugada estaba ya muy avanzada, faltaba poco para el alba, pero ni de lejos éramos los únicos soldados despiertos a aquellas horas. Prácticamente los veinte mil infantes que formaban aquel enorme ejército padecíamos insomnio a causa de la terrible batalla que habríamos de librar; charlas, paseos y partidas de dados en pequeños grupos como el nuestro se repetían a lo largo de la linde oriental del acantilado. Las hogueras chisporroteaban por doquier, iluminando con su cálido haz la fría alborada.
Sin duda era una mala estrategia, pues el humo nos habría de delatar a quilómetros, pero no esperábamos la llegada del señuelo hasta el mediodía.

Con un sonoro chasquido Taïs clavó el cubilete en el suelo con la apertura hacia abajo. De nuevo nos miramos.

- Quieres despedirte de tu dinero?-.

- Apuesta.-. Aún se oían los dados girar en el interior del recipiente.

- 4 Lunas.-. El silencio se hizo aún más pesado y el murmullo de los dados no cesaba.

- Qué raro que un pagano como tu apueste por Tzrail…-. Comente, sonriendo ante el atrevimiento del Norteño. –Descubre. -. Él sonrió a su vez y levanto el cubilete.
Para nuestra sorpresa los dados seguían girando.

- Admirad la fuerza del gran Taïs!-. Exclamó Jarod con sarcasmo.

Un dado empezó a girar de forma más inestable, y luego un segundo y un tercero lo siguió. Todos nos acercamos expectantes. El primero se balanceó un momento y cayó. Una calavera. Yo solté una exclamación de júbilo al tiempo que Taïs maldecía. Pero entonces otro dado se paro, con un sonido seco. Una segunda calavera. Nadie le hizo el menor caso, aunque sacara tres yo había apostado y acertado ganaba pasara lo que pasara pero…

El tercer dado cayó, tres calaveras. Todos palidecimos visiblemente.

- No me jodas.- murmuró Darric.

- Es imposible…-. La voz de Jarod había perdido todo matiz jocoso. El dado empezó a trazar círculos más amplios y lentos.

- Ha… habíais visto nunca un dado que tardará tanto en caer…? -. Pregunto con un hilo de voz Lur, el más joven del grupo.

Todos teníamos en nuestra mente la misma combinación y rezábamos para que no apareciera, incluso Taïs parecía haber perdido aplomo.
El dado golpeó contra una piedrecita y dio un pequeño brinco antes de posarse en el suelo de nuevo, giró dos veces sobre sí mismo. Contuvimos el aliento. Un tercer giro. Una cuarta calavera apareció ante nuestros ojos.

Ninguno reaccionó, todos sabíamos lo que significaba. Era un augurio muy antiguo, probablemente perteneciente a las creencias anteriores a la creación de los primeros poblados de “La Brecha”, el peor augurio antes de la batalla.

Taïs rompió el silencio:
- Lo… quiero decir… sólo es un juego no significa nada… un simple juego.-

Todos lo miramos y vimos que no creía sus propias palabras. Súbitamente se alzó:
- Estoy harto de jueguecitos, me voy a dormir... si vosotros os creéis estos cuentos de viejas… peor para vosotros, yo prefiero confiar en mi espada.- La mirada que nos dirigió era feroz, como esperando que rebatiéramos sus afirmación. Sin duda tenía miedo, como todos nosotros.

- Taïs yo…-. Lur lo miró dubitativo con los labios temblorosos, solo tenía dieciséis años y había sido nombrado escudero del hijo de Lord Faris, en unos años podría ascender a caballero ,si Tzrail lo permitía, sin duda esperaba con ansias aquella batalla para demostrar que su ascenso había sido merecido. Pero ahora estaba aterrado, el augurio era claro, ninguno pasaríamos de aquel día y si nosotros caíamos “La Brecha” entera sucumbiría con nosotros.

- No te mees en los pantalones mocoso… el culo rígido tiene razón, solo es un juego.- Lur miró al veterano esperanzado.

- Tú crees?-.

- Claro, cómo podríamos perder este combate? Somos más de treinta mil guerreros , incluidos los jodidos lores Sangredivina, tu aún eres joven y no has vívido las batallas entre los grandes Señores pero te aseguro que acojonan cuando luchan entre ellos, el choque de sus espadas resuena como el tañido de mil campanas en medio del campo de batalla, cada uno de ellos vale por más de cien… y por si fuera poco estamos capitaneados por el más poderoso de todos ellos, Lord Kairium de la Casa Lunar. Los guerreros de la Casa Lunar conservan intacto el poder del Dios Tzrail en su sangre, por sus venas corre aún hoy en día la fuerza de un Dios… Dime chico, qué crees que pueden hacer tres ridículos Demonios contra esto?-. Soltó una carcajada, Lur se tranquilizó e incluso esbozó una ligera sonrisa, los demás nos obligamos a sonreír pero ,aunque no lo dijimos, todos teníamos en la cabeza un detalle que a Jarod se le pasó mencionar:

Los tres ridículos demonios ya habían matado a dos miembros de la Casa Lunar.

2 comentarios:

  1. Bueno, bueno. Este capítulo me parece bastnte interesante, aunque me sigue confundiendo un poco. Me gusta la camaradería de los... caballeros (son caballeros, ¿no?). Es algo raro porque a medio capítulo me he dado cuenta que estaba narrado en primera persona y que, el narrador, es partícipe de la historia. Por unos segundos me he quedado descolocada, pero luego ya lo he ido entendiendo mejor.

    Me gusta el personaje de Taïs, me parece muy entrañable y divertido.

    Eso sí, te aconsejo que repases tu texto antes de colgarlo, porque hay faltas de ortografía y creo que alguna de puntuación. Y, como ya te dije, creo que le quita poderío a un texto que se perciba como un texto descuidado. Aunque el contenido sea estupendo siempre parece menos. Bueno, creo que ya me entiendes.

    Ahora voy a leer el otro capítulo, que tengo ganas de ver como sigue.

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  2. Mmm... muy interesante, aunque más por lo que pretendes que por lo que eventualmente logras. Cuanto menos, pretendes algo, y créeme que estás cerca de lograrlo. Tres cosas, y escuetas:
    1. Taïs, como bien dice Inma, es oro fino.
    2. Abusas de los adjetivos y las palabras ambientalistas y concretas, parece que vayas a profundizar en la descripción de ambientes "a la" Tolkien pero, en vez de eso, pasas rápido al diálogo.
    3. La historia te interesa más bien poco, a ti lo que te va son los personajes.
    3.1. Precisamente por ello, me parecen un poco extraños. Los diálogos no parecen arcaicos sino genuinamente contemporáneos. Lo del pepino por el culo y las bromas muerdealmohadas desconciertan mucho. Esa camaradería tendría que ser, creo yo, más anacrónicamente costumbrista (recuerda de lo que hablamos ese día) y algo forzada.
    4. MUY IMPORTANTE: detén el flujo apabullante de personajes y lugares.
    5. El ritmo narrativo es excelente, y los fragmentos en prosa, en general, rinden fantásticos.
    Sigo en el próximo.

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