- Cargad los caballos más deprisa patanes! -. El rugido del capitán de la guardia hizo que uno de los animales se encabritara i desestabilizara momentáneamente la estructura, Darric y yo nos abalanzamos sobre la palanca para mantener el aparejo lo mas quieto posible. Cuando el animal se calmó y las maderas que lo sostenían parecían haberse estabilizado soltamos lentamente la palanca, asiendo lentamente los mandos, poco a poco el animal fue desapareciendo de nuestro campo de visión, adentrándose en las profundidades de la garganta.
- Podéis ir frenando… casi a llegado abajo.- Lur estaba asomado al borde del acantilado, vigilando el descenso del montacargas. Taïs y Jarod junto con la mayoría de las huestes de Lord Faris se encontraban en el interior del profundo abismo, encargándose de bajar a los animales de los señores y preparando el campo de batalla.
A lo largo del abismo se habían construido dos docenas más de grúas como la que manejábamos, hechas de maderas nobles y resistente cordaje varias decenas de soldados se encargaban de cargar el material del campamento en las estructuras y bajarlo hasta el fondo de la garganta donde otros tantos preparaban todo lo necesario para el combate.
Llevábamos desde las seis de la mañana dedicados a esta ardua labor, era preciso que todos los hombres estuvieran armados y preparados para combatir antes de que el sol estuviera en lo más alto del cielo.
Pese a que no habíamos dormido el trabajo avanzaba a muy buen ritmo, todos sabíamos lo que nos jugábamos en aquella batalla, nada podía fallar pues de nuestra preparación dependía no solo nuestras vidas también las vidas de millares de personas que poblaban “La Brecha”.
Con un sonido seco, la plataforma del montacargas llego de nuevo, mientras Darric aseguraba la palanca, yo me gire hacía Tom, el Capitán de la guardia de Lord Faris, para que nos dijera que caballos habíamos de cargar ahora. Lo vi con la rodilla izquierda hincada en el suelo y el rostro hacía el suelo y durante un momento no entendí el porqué de su postura, entonces una voz profunda y templada me sorprendió a mi diestra:
- ¿Cómo avanza el trabajo? -. Ladeé la cabeza sorprendido y contemplé a dos hombres encima de los caballos más portentosos que había visto en mi vida.
El primero un enorme semental blanco como la nieve, tenía un andar esbelto y grácil, su postura era la imagen de la nobleza y su larga crin reflejaba la luz solar, provocando bellos juegos de luces a su paso, era la viva imagen de la belleza. El segundo era un robusto caballo bayo, sus fuertes patas auguraban una notable velocidad en combate y una potencia sin par en la carga, de súbito reconocí a aquel caballo se llamaba Yagir y era el caballo de Lord Wilard Faris.
Cómo un idiota alcé el rostro y vi a mi Señor ataviado con un jubón morado con el águila Dorada de los Faris cosida al pecho, una capa con los colores de su casa se balanceaba a sus espaldas mecida por el viento y a su lado estaba ni más ni menos que Lord Kairium, ataviado con una casaca de terciopelo azul oscuro con la luna ,símbolo de su casa, estampada en el pecho con hilo de plata, lucía una capa de seda plateada atada a los hombros por un broche con el símbolo del Dios tzrail.
Hinque mi rodilla en el suelo con tanta premura que alce una nube de polvo a mí alrededor.
Los dos Lores se echaron a reír.
- El trabajo avanza a buen ritmo mi Señor, pero si lo deseáis podemos acelerar aún más el ritmo…-.
- No hace falta Tom, no hace falta, aún quedan horas para la llegada de Lord Regis…-. La profunda voz de Lord Wilard siempre me traía una extraña calma. – No hace falta fatigar a nuestros valientes guerreros antes del combate… ¿no opinas lo mismo soldado? -.
Alcé el rostro unos instantes:
- Si, mi Señor.-. Lord Wilard sonrió, su rostro de facciones anguladas transmitía una gran fuerza y su pelo castaño tan solo tenía unas hebras plateadas pese a sus noventa y cinco años de existencia. Entonces una voz suave, como de terciopelo preguntó:
- Tu Señor me ha dicho que llevas más de diez años combatiendo a su servicio, ¿es correcto?-. Por un fugaz instante dirigí la mirada al rostro de Lord Kairium, pero desvié mi vista al suelo inmediatamente. Nunca había visto tan de cerca al gran Lord y si su voz me sorprendió por su suavidad no menos impactante era su rostro, nada en él indicaba que tuviera casi sesenta y cuatro años, si había algún símbolo de vejez en los Lores Sangredivina sexagenarios que había conocido hasta entonces desaparecía por completo en el rostro de aquel Señor de Sangre Pura. Su pelo rubio caía en cascada hasta sus hombros y su piel blanca contrastaba con el azul de sus ojos, sus facciones eran finas y afiladas, casi aquilinas. No aparentaba más de veinte años .
- Si, mi Señor, llevo diez años y nueve meses al servicio de la Gran Casa de los Faris.-.
- ¿Han sido unos buenos años?-.
- Si… si mi Señor, pese a la dureza de los combates librados, siempre me he sentido orgullosos y feliz de pertenecer a la noble hueste de Lord Faris.-. Respondí, algo confuso por la pregunta, “¿a dónde quiere llegar?”.
- Me alegro, Lord Faris me ha comentado lo orgulloso que tu Capitán Tom Arril , aquí presente, se siente de ti; afirma que eres un fiero luchador y un gran corredor, es cierto? -. Los halagos del Capitán me tomaron desprevenido, hasta lo que yo sabía Tom Arril sólo hablaba de sus hombres en términos como “Panda de haraganes” o “Ese sucio montón de escoria”. Aún turbado por lo súbito de los halagos respondí sin pensar:
- Soy el más rápido de todo el ejército y un buen soldado -. Inmediatamente me callé, sorprendido de mi propia pedantería. Por el contrario Lord Kairium se limitó a asentir con aprobación.
- Bien, entonces eres el hombre que necesito… tengo una misión para ti. Si la cumples cómo se espera de ti te aseguro que me encargaré de que se te promueva a escudero de alguno de los grandes Lores.- No sabía que decir, todo aquello me estaba tomando por sorpresa, lo único que sabía con certeza era que nunca podría negarme a una misión encomendada por un miembro de la Casa Lunar, hubiera recompensa o no de por medio, estaba obligado a bajar y subir siete veces el infierno y traerle la cabeza del Diablo si así me lo pedía.
- Sea cual sea vuestra voluntad mi Señor, la cumpliré.-
Lord Faris sonrió orgulloso:
- Te dije que era el hombre que necesitabas, lord Kairium.- El Lord se limitó a asentir con serio ademan.
- Esto es lo que quiero que hagas, vas a…-. Un estruendo como el de una montaña al desmoronarse resonó por todo el campamento. Todos nos giramos al unísono.
- ¿Qué ha sido eso? -. Preguntó Lord Faris mientras intentaba controlar a su caballo que relinchaba nervioso.
- Viene del otro lado del campamento! -. Gritó Tom Arril. Sin mediar palabra Lord Kairium hizo girar a su poderosa montura y cruzó el campo lleno de tiendas al galope, Lord Faris lo siguió y Tom y Darric. Yo reaccioné tarde, pero aún así era más rápido que lo demás y logré adelantarlos. Esquivando varias tiendas a medio desmontar y algún que otro resto de hoguera llegué al final del campamento, junto a miles de soldados y caballeros que también habían corrido hasta allí atraídos por el estruendo.
Al frente de todos estaban Lord Faris y Lord Kairium divisando desde la altura de sus nobles monturas el campo que se extendía centenares de metros en la otrora orilla oriental del río Iris.
Una nube de polvo enorme se divisaba a lo lejos, tuve que forzar mucho la vista hasta que pude distinguir a los pies de la polvareda algunos jinetes, pasados unos segundos incluso pude distinguir los colores del primeros de ellos. Una figura plateada sobre campo Verde y negro.
- ¿Lord Regis? -. Susurré atónito.
Una suave voz aterciopelada me respondió, con tono sombrío.
- Si, y no viene sólo. -. Lord Kairium desenvainó su espada y se giró hacía todos los guerreros congregados a sus espaldas. – Preparaos, cargaremos contra ellos -.
Algunos murmullos incrédulos sonaron entre la multitud, yo dije perplejo:
- ¿Cargar contra Lord Regis? -. El Lord se limitó a señalar hacía la nube de polvo con la espada.
Se oyó otro estruendo formidable, procedente del interior de la nube y, súbitamente una enorme cabeza asomó de ella, varios metros por encima del suelo.
Un rugido ensordecedor hirió el aire y nuestros oídos. Dos cabezas más salieron del interior de la nube, seguidas de cuerpos semejantes a montañas en movimiento.
- Mizratz -. Esa palabra recorrió el campamento como un clamor atemorizado.
Lord Kairium se giró hacía el ejército:
- Venganza -.
martes, 18 de mayo de 2010
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Ai, Arnau, al principio de este capítulo he visto porqué me confunde tu historia. He deducido que era por problemas de puntuación. Pero no, creo que es por el ritmo del relato o por algo parecido. No sé, no sé exactamente porque es, aunque cuantos más capítulos leo mejor me situo. Supongo que es normal.
ResponderEliminarBueno, este capítulo está bien. Ya veo que el narrador es, de alguna forma, el protagonista, aunque no se sepa nada de él aparte que corre rápido y lucha bien.
Estoy a la espera del próximo capítulo.
Mejor que el anterior. Aunque ¡más personajes! Aunque, esta vez sí, mejor resueltos y mejor introducidos. Lo mejor del caso es que la materia narrada nunca puede con el narrador, o sea tú, y lo que cuentas aquí, esta especie de preludio de asedio, está explicado con mucho brío. Me ha sorprendido, y mucho, tu regodeo en el kitsch más destemplado ("voz suave, como de terciopelo", "no menos impactante era su rostro", "los caballos más portentosos que había visto en mi vida", "bellos juegos de luces a su paso", y ahora viene la traca: "era la viva imagen de la belleza"). Y ojo, que no me parece mal, es solo que me sorprende la brutal honestidad con la que escribes y el transparente entusiasmo machacador, que confirma tu obsesión esteticista y barroca. Pero la exuberancia no termina aquí, y esta vez la saludo en honor de multitudes. Sin duda alguna, una de tus mejores aptitudes narrativas: la perfecta localización del espacio. Este capítulo está repleto de acciones muy concretas y de personajes que entran, que salen, que cabalgan, que llegan, que se van, que hablan cara a cara, a distancia o mientras hacen otra cosa, y se nota tu sana voluntad "localizadora". Como en los clásicos, por decirlo de algún modo. Bien. Next one.
ResponderEliminarY además es largo de la hostia! Bien hecho, John Cobra (y no te enfades).
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