domingo, 2 de mayo de 2010

Caida de Dioses. Prologo

Miro de reojo a los jinetes que lo acompañan y tiemblo al pensar que podrían ser mis enemigos, inmediatamente el alivio y el gozo me invaden, pues esta vez marchan a mi lado.

Son todos hijos de Tzrail, sangre de Dioses corre por sus venas tan roja como la mía pero mucho más poderosa.

Todos ellos son hermosos y lucen terribles enfundados en sus brillantes armaduras y cotas de malla. En el pecho muestran orgullosos los emblemas de sus casas, rodeados todos ellos por la circunferencia de plata, signo que los caracteriza a ojos de mortales y Inmortales como herederos del dios Satélite.

Guerreros curtidos en mil batallas, grandes generales que pelearon entre ellos durante decenios gracias a su divina longevidad. Pero hoy no son más que vasallos, pues han sido llamados por el único hombre al que nunca pudieran reconocer como su señor. Kairium, el único, Kairium el incorrupto, el puro, señor de la casa del Dios lunar, paladín de la tierras Orientales de “La Brecha”, portador de la lanza Lunnaris, el arma que otrora forjara Narsium, herrero de los Antiguos, para acabar con los enemigos de los Dioses, hoy, de nuevo, serviría a esta causa empuñada por aquel cuya sangre mantiene aún intacta el brillo del Dios.
Pues este era nuestro propósito, acabar con los Mizratz los terribles seres que atormentaron “La Brecha” en los albores del tiempo, ahuyentados por los dioses y sus paladines hacía milenios, campaban de nuevo a sus anchas por la tierra.

Entraron en “La Brecha” por el paso de La Águila Roja , en su vertiente más Oriental y en unas pocas semanas el caos se adueñó de toda la región, ningún ejército les pudo oponer resistencia hasta que se toparon con las tropas de los nobles hermanos de Lord Kairium, el mayor, Edmund, contaba ya con 86 años y estaba en el apogeo de su poder, aún sin alcanzar la madurez era ya el mejor espadachín de “La Brecha”, el menor ,Cláris, era un guerrero audaz, mejor que cualquier soldado mortal, pero aún inexperto según el computo de los sangredivina. Apenas si contaba con 40 años.

Los dos lores reunieron a sus ejércitos en “Llanura Arida”, la región más calurosa i desértica de todo el Oriente, pese al terreno desfavorable ambos quisieron combatir allí para evitar así bajas innecesarias entre el pueblo llano de sus feudos.
En su precipitación por parar la masacre ocasionada por los Mizratz, presentaron batalla pese a que muchos de sus caballeros vasallos y sus huestes no tuvieron tiempo suficiente para acudir a su llamada. Aún así eran muchos, cincuenta caballeros de la estirpe de Tzrail, los legendarios sangredivina, y dos millares de los mejores caballeros mortales de toda “La Brecha”, acompañados de sus huestes a pie. En total se congregaron en “Llanura Arida” más de cinco mil guerreros, dispuestos a enfrentar los terribles diablos de Bakala.

Para cuando el señor Kairium se enteró de las intenciones de sus hermanos ya era tarde.
Él y su séquito de fieles caballeros mortales partieron de inmediato para apoyar a los lores, pero no habían llegado a “Llanura árida” que supieron que ya todo estaba perdido.

Un hombre voló centenares de metros por el cielo y se precipitó enfrente de la columna de caballeros, sus huesos quedaron destrozados contra la calzada de piedra y sus sesos salieron proyectados por doquier. La columna entera frenó la marcha entre furiosos relinchos de caballos y miradas atónitas.
El mismo lord Kairium pareció perplejo al principio, pero luego su cara muto en horror, convirtiéndose después en una horrible máscara desfigurada por el dolor. Un quejido agónico hendió el aire, convirtiéndose en un alarido terrible.
Lord Kairium se dejó caer del caballo, presa de sollozos y ahogado en sus propias lágrimas, se arrastró hacía el destrozado cadáver, un cúmulo de sangre i vísceras, y volteó lo que quedaba del maltrecho pecho del hombre. Todos los caballeros enmudecieron al unísono.
Una marca, sanguinolenta, otrora emblema orgulloso y símbolo del poder divino, lucía aún en el pecho del desdichado. Una enorme luna de color plateado, atravesada por el símbolo del Dios Tzrail, el emblema de la casa del Dios lunar.
El fallecido era Lord Cláris.

Presa de una febril sed de venganza el Señor Kairium montó su caballo y ,aún con lágrimas reluciendo en sus mejillas, arrancó un galope que ninguno de sus súbditos pudo seguir.
Remontó “La Colina humeante”, elevación que circundaba la llanura, y en su punto más elevado diviso por fin la batalla. Aunque esta no pudiera llamarse como a tal.
Una masacre, eso fue lo que los ojos del Lord presenciaron. Los millares de guerreros congregados yacían esparcidos por toda la llanura, al menos partes de ellos. Todo estaba teñido del rojo de la sangre. Unos pocos guerreros estaban aún con vida, todos ellos trataban de huir enloquecidos. Atrás quedaban sus armas, estandartes y honor, solo sus piernas valían en aquel cementerio y tampoco demasiado, pues pocos conseguían zafarse de las mortíferas garras de los colosales seres que los hostigaban.

Tres, tan solo eran tres los monstruos que Lord Kairium vio, pero a fe del Dios Tzrail que su mera visión helaba la sangre y el corazón del más valiente de los hombres.
Su carne gris, como de roca, estaba matizada por tonos del rojo más oscuro, su piel se asemejaba mucho a la piedra granate de las montañas volcánicas y su tamaño hacía esta comparación plausible. Ninguno era inferior a las 4 astas de altura y su corpulencia era, si cabía, aun más impresionante.
Sus rostros eran mascaras pétreas, de facciones rígidas como las laderas de una cadena montañosa, solo sus ojos , rendijas de luz azulada o roja, hacían que se pudiera concebir aquellas criaturas como algo vivo y no mera orografía.
Con ágiles dedos del tamaño de columnas, los Mizratz se dedicaban a atrapar a los soldados uno a uno. Dos de ellos se limitaban a aplastarlos con sus colosales manos, al tercero parecía divertirlo más el lanzar bien lejos a sus presas, para contemplar cómo se despachurraban contra el suelo, entre risas tan profundas y guturales como el rugir de un volcán cuando sucumbe a su propia ira.
El lord identificó inmediatamente al asesino de su hermano. Su sangre se agitó, todo el hervía y temblaba de pura cólera. Sintió como su corazón mortal exigía a gritos que se saciara su sed de venganza, sintió como su alma inmortal preparaba todo su cuerpo para cumplir con su divino cometido.

Y entonces el lord presenció la imagen que quedaría grabada a fuego en su alma para siempre.
En una fisura de un promontorio, Kairium divisó el estandarte de la casa del Dios lunar, el estandarte estaba atado a una lanza de proporciones descomunales, obstinadamente hundida en la roca. A su lado los restos de un hombre surgían de una enorme grieta en el suelo.
De pronto la imagen cobro sentido, aquello que parecía una descomunal colina de piedra no era tal, se trataba de un cuarto Mizratz, tendido en el suelo, abatido por la descomunal lanza que le perforaba uno de sus ojos. El guerrero responsable de tal hazaña yacía muerto al lado de su arma, con la mitad del cuerpo en la boca del monstruo y la otra mitad fuera, había muerto aplastado por los gigantescos dientes del Titán.
Kairium contemplo desolado a su hermano mayor, ni por un momento pensó que murió como el héroe que era, ni tan siquiera acudió a su mente el hecho de que su hermano seria conocido durante edades por su victoria ante el Demonio. Lo único en lo que podía pensar el lord era en la pérdida de su sangre, en la desaparición de uno de los seres a los que más había amado, en su muerte a manos de seres tan horribles, en el total deshonor de ser devorado por otro ser. No podía asumir el horror que su hermano tuvo que pasar en sus últimos segundos de vida, simplemente el estomago se le removía de asco, pena y ira.

Enloquecido, espoleó a su montura. Gritando como poseído se dispuso a abatirse sobre el Mizratz que tenía más cerca.
No recorrió ni una decena metros ya que los 40 caballeros que lo seguían se abalanzaron sobre él. En unos segundos de desesperada lucha lo abatieron y se lo llevaron lejos del campo de batalla.
Sabían que serían condenados por traidores por tal acción, pero habían jurado proteger a su señor ante cualquier amenaza, aunque el único modo de salvarlo fuera agrediéndolo y la única amenaza su propia temeridad.


Así fue como acabo la batalla de “Llanura Árida”. Así fue como empezó la guerra de los Sangredivina contra los Titanes de Bakala. Así empieza mi historia.

3 comentarios:

  1. Tu épica es, como los Bakalas, "bakalera", y por favor no te lo tomes a mal. Tu operístico tratamiento del tiempo, el espacio y la caracterización de personajes es tan afectada y rimbombante como legítima. Es curioso que tus ensayos exhiban un lenguaje mucho más moderado que tu prosa, tan exuberante y tan encantada de regodearse en el detalle. Me ha gustado, desde luego, incluso diría que es de lo mejorcito que has publicado en este blog. Aunque llegará un día en el que no sabré qué saga prosopopeica estoy siguiendo, ¿cuántas has empezado ya?
    Y lo de siempre, pero aquí mucho más: ese "fuego" al que remites tantas veces en este y en otros textos no deja de representar tu visión sombría del ser humano. Llámame pedante, pero tienes en tu testa demonios del tamaño de Balrogs, ¡saca de una vez al jodido Gandalf dando caña! ¡Eres el John Cobra de la fantasía heroica! A rugir en Dolby Surround y no en sordina.

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  2. Bueno, he de dir que des del Final Fantasy X on sigui que llegeixo "Esta es mi historia" em poso mig catxonda de l'emoció. Dit això passaré al castellà, que és més maco, poètic i harmònic per comentar un text de "grueso calibre" com el teu.

    Primero diré "lo malo", que en realidad no es tal, así luego paso a lo bonito y gratificante. A ver, dos cosas no me han quedado del todo claras. Primera, creía que Cláris era el hermano menor, no el mayor, porque es lo que dices al principio. Sin embargo más adelante nos cambias. Y segundo, deduzco que a Cláris lo mató uno de estos colosos Mizratz, ¿verdad? Son sólo dos pequeñas y simples confusiones.

    Bueno, el texto me gusta. A mi me tienes ganada desde que me hablas de dioses, querreros y batallas. Esta épica fantasiosa me apasiona y tu la escribes bastante bien. Un poco amontonada, pero bien. No temas ser largo si el tema y la prosa lo merece nene.

    Me sumo un poco a lo que me parece que dice mi compañero Joan, ¡saca toda tu colosa épica! Escribe textos inflamados y grandes, porque es lo que tienes en la cabeza y, a mi parecer, es de lo que mejor te sirve como expresión. Creo que es un género muy tuyo, muy para ti. Creo que te desarrollas bien en esto y, muy importante, no es fantasía cutre y mala (como es la mayoría).

    Habrá que esperar a por más. Voy a por el primer capítulo.

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  3. P.D: Celebro tu paso al español para escribir. Me parece mucho más fluido y natural que el catalán.

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